Desde 2014, cuando armamos las primeras piezas en el taller, tomamos una decisión que sostenemos hasta hoy: el logo de Nómade va grabado en el interior de las patillas, no en el exterior.

No fue casualidad, y tampoco falta de ganas de mostrar la marca.

La tentación de mostrarlo

Más de una vez nos sugirieron lo obvio: "ponelo afuera, que se vea". Tiene lógica — un logo visible suma reconocimiento de marca, es publicidad gratis cada vez que alguien usa sus anteojos. Es lo que hace la mayoría.

Pero preferimos otro camino.

Que hable la madera

Cuando trabajás con madera natural, cada pieza tiene vetas que son únicas — no hay dos iguales. Ese dibujo que se forma naturalmente es, para nosotros, mucho más elocuente que cualquier logo. Interrumpirlo con una marca visible nos parecía quitarle protagonismo a lo que realmente importa: el material y el trabajo artesanal detrás de cada pieza.

Así que decidimos corrernos. El logo quedó puertas adentro, literal y figuradamente, y dejamos que las patillas cuenten su propia historia sin interrupciones.

Un branding que se construyó solo

Con los años entendimos algo que no habíamos planeado: no hace falta ver el logo para reconocer un Nómade. La forma, los materiales, el calce — todo eso terminó siendo identidad suficiente.

Tenemos varias anécdotas de clientes que se cruzan en la calle y arrancan la conversación con la misma pregunta: "¿Tenés unos Nómade?" Sin haber visto ningún logo. Solo reconociendo el trabajo.

 

Eso, para nosotros, vale más que cualquier isotipo a la vista.